La vanguardia europea llega a la televisión latinoamericana disfrazada de escenografía de concurso
La artista peruana Fátima Rodrigo, con trayectoria en las bienales de Sídney y Liverpool, pasó una década revisando archivos de televisión latinoamericana antes de reconstruir un foro de concurso musical en el patio central del Museo Tamayo. La entrada es gratuita y la instalación cierra el domingo 27 de septiembre, antes de lo que marcaban algunos calendarios culturales.
Un foro de concurso, hecho para caminarse
En el patio central del Museo Tamayo hay algo que parece, a primera vista, el set de un programa de variedades de los años setenta: plataformas, texturas brillantes, materiales que cualquiera reconocería de la tele de domingo por la tarde. Se llama Con todo y mi tristeza y es la pieza central de Fátima Rodrigo, artista peruana nacida en 1987, dentro de los festejos por los 45 años del museo.
La obra no se mira desde lejos. El público camina sobre las plataformas, y cada cambio de posición transforma lo que se ve y lo que se escucha: la instalación responde con estímulos sonoros al movimiento de quien la recorre. Rodrigo la construyó con materiales cotidianos y de circulación masiva, los mismos que armaban los foros de televisión que investigó, para reproducir esa fantasía de brillo y éxito que los programas musicales latinoamericanos vendían semana a semana.
Una década de YouTube como archivo
Rodrigo lleva más de diez años trabajando esta línea de investigación, y Con todo y mi tristeza es, según ha dicho ella misma, "la entrega más grande" de ese proyecto. El título no es casual: lo escribió en un momento personal difícil, con la idea de que, con todo y la tristeza, la reconstrucción seguía siendo posible.
Lo inesperado es la fuente. "Para mi investigación casi todo ha sido a través de YouTube", contó la artista a Corriente Alterna, el medio de la UNAM. Ahí encontró el archivo que los museos y las academias de arte no guardaron: programas musicales, concursos de belleza y galas de variedades transmitidos en México y el resto de América Latina desde los años sesenta, que llenaban sus escenografías con formas del constructivismo, el Op Art y el minimalismo europeos, sin acreditarlos ni explicarlos, solo porque esas líneas y esos colores se veían modernos en la pantalla.
El giro: la vanguardia le llegó a la gente por la tele, no por el museo
Ahí está el argumento fuerte de la pieza. Mientras las galerías europeas discutían el constructivismo entre críticos y coleccionistas, esas mismas formas geométricas ya circulaban en la sala de millones de familias latinoamericanas, montadas detrás de un conductor de concurso. La televisión, sin quererlo, democratizó una vanguardia que en Europa seguía siendo territorio de minorías cultas.
Rodrigo lo conecta con algo más incómodo: esa misma pantalla que distribuyó estética moderna también enseñó comportamientos. "La televisión y la música popular definitivamente moldearon nuestras identidades. Y creo que es problemático, porque de alguna forma nos enseñaron cómo deberíamos comportarnos", dijo en la misma entrevista. Y apunta directo a por qué buscó fuera de los libros de historia del arte convencionales: "la historia del arte se construyó desde una narrativa muy eurocéntrica, muy masculina, que excluía muchas prácticas". Reconstruir el foro de un concurso de tele, para ella, es una manera de meter ese material popular a la conversación que el canon dejó fuera.


Quién es Fátima Rodrigo
Rodrigo estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú, debutó como solista en 2013 en el Centro Cultural Ricardo Palma de Lima y desde entonces ha expuesto en la Bienal de Sídney, la Bienal de Liverpool, el Kunsthal Extra City de Amberes y el Museo de Arte de Lima. Este año presenta también una pieza en la 14ª Bienal do Mercosul, con pistas de baile pensadas como instalaciones participativas, la misma lógica de invitar al público a activar la obra con el cuerpo que ahora está en el patio del Tamayo. Ha hecho residencias con Pro Helvetia en Suiza, Art Explora y la Cité des Arts de París.
Su tema de fondo, en toda esta trayectoria, es la representación del modernismo y la identidad de género en América Latina, cruzando arquitectura, arte moderno y cultura popular. Con todo y mi tristeza cabe exactamente ahí: modernismo europeo, filtrado por la tele, convertido en identidad regional.
Cómo verla
La instalación está en el patio central del Museo Tamayo, en Paseo de la Reforma 51, dentro del Bosque de Chapultepec, y el acceso a esa pieza es gratuito aunque el resto del museo cobre entrada. El museo abre de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.
El dato urgente: Con todo y mi tristeza cierra el domingo 27 de septiembre, no en octubre, como circula en algunos calendarios culturales —incluida una primera versión de este mismo calendario editorial—. La ficha oficial más reciente del Museo Tamayo, confirmada también por el "INBA" y por Infobae, marca el 27 de septiembre como último día. Quien quiera pisar esas plataformas y escuchar cómo cambia el sonido con cada paso tiene hasta el domingo 27 para hacerlo.