Wildwood: el proyecto en “stop motion” más ambicioso de Laika
La nueva película de Laika tardó 16 años en realizarse. Este es el sexto filme del estudio y, hasta ahora, su proyecto más ambicioso.
Basado en el libro Las crónicas de Wildwood, escrito por Colin Meloy e ilustrado por Carson Ellis, el filme relata la travesía de Prue, una adolescente que se adentra en un bosque mágico para rescatar a su hermano pequeño, raptado por una bandada de cuervos. Prue se enfrenta a un nuevo mundo y, junto a Curtis y todos los aliados que encuentra en el camino, recorre una aventura en la que la obsesión y el duelo pueden llegar a destruir un mundo entero.
16 años para construir un mundo
De acuerdo con el director Travis Knight, tomó alrededor de 16 años realizar esta película. El estudio apenas había lanzado su primera producción cuando llegó a Knight el manuscrito de lo que convertiría en su película más ambiciosa en stop motion. Él no creía que estuvieran listos para realizarla, pues necesitaban más recursos para contar dicha historia. Ahí la tecnología se convierte en un gran aliado.

Según las entrevistas con el equipo de Laika, les tomó cinco años el proceso de animación. Se crearon alrededor de 117 ubicaciones únicas, recreando la ciudad de Portland, Oregón, y dando vida al bosque mágico que habitan los personajes. Se realizaron 233 marionetas y más de 142 mil caras para dar vida a los personajes y sus emociones, gracias al trabajo de 43 animadores.
Dentro de esta película existe mucha ingeniería, pues el estudio logró que las marionetas tuvieran músculos y consiguió detalles tan sutiles como los movimientos que simulan su respiración, para hacer sentir a cada personaje más vvivo y cercano.
Esta película supone un hito, pues con sus 131 minutos es la más larga filmada hasta ahora con la técnica de stop motion.
Cuando el stop motion deja huella
“Creo que el stop motion, más que cualquier otra forma de hacer cine, es un arte que deja sus huellas en el producto final”, señala Knight en su conversación con Caleb Deschanel, director de fotografía.
En un momento en el que el cine se ha reinventado con el uso de nuevas tecnologías como las inteligencias artificiales, Laika apuesta por lo artesanal. Los creadores hablan de la importancia de involucrarse como artistas, pues es ese valor del alma lo que hace que estas producciones vayan más allá de una película más en el cine. Eso es lo que sostiene al arte.
Todo lo que se ve dentro de la película es una decisión artística. Knight afirma que nada está puesto por casualidad.
También hablan de los animadores como actores, pues son ellos quienes dan vida a lo largo de todo el filme a las marionetas. Les dan personalidad a través de movimientos específicos para cada personaje y logran que cada uno tenga una identidad propia.
Ahí es donde Wildwood encuentra una de sus mayores fortalezas: en una época en la que la tecnología puede hacer cada vez más cosas, Laika apuesta por recordar que detrás de cada movimiento también existe una persona.

Una aventura que habla de pérdida y empatía
Wildwood es el sexto filme del estudio Laika, una historia de fantasía folk, conmovedora y madura. Con escenas épicas, combina el mundo de lo “normal” con el mundo mágico.
La película nos muestra a Prue, una adolescente con una personalidad que va en contra de su entorno. Ella se presenta como una chica resuelta y escéptica, mientras que sus padres viven con creencias más liberales. La trama comienza a desmenuzarse cuando sus padres le prohíben salir de casa con su hermano. La advertencia suena seria; sin embargo, Prue, sin ningún miedo y sin creer en los cuentos de hadas, decide pasar la tarde con su hermano en Portland.
Es entonces cuando, en un parque aparentemente abandonado, su hermano es raptado por una bandada de cuervos durante un momento de distracción. Prue no se queda de brazos cruzados y comienza una persecución para recuperar lo que le fue arrebatado: parte de su familia. En compañía de Curtis, decide adentrarse en el bosque sin hacer caso de las historias que advierten de lo que podría ser un lugar peligroso.
La película nos mantiene en suspenso, pues Prue carga con la conciencia de ser responsable de no haber cuidado a su pequeño hermano, después de que sus padres le habían advertido que no podía salir de casa.
En cuanto se adentran en el bosque, todo escepticismo queda a un lado, pues las creencias de la protagonista se ponen a prueba. Los animales tienen la capacidad de hablar y, no solo eso, conviven en una sociedad con normas, políticas y conflictos.
Prue, a pesar de ser la protagonista, no busca la gloria ni controlar algún tipo de magia. Solo tiene un objetivo: regresar a casa con su hermano pequeño, la gran responsabilidad que le encomendaron sus padres.
A lo largo de la película se muestra lo profundo de nuestras emociones. Puede que algo tan doloroso como una pérdida nos nuble el criterio, empujándonos hasta las últimas consecuencias para conseguir aquello que nos fue arrebatado.

Que la empatía sea lo más poderoso en una batalla a muerte por defender un territorio y que no se necesite más arma que las palabras para conseguir aliados.
Wildwood es una verdadera muestra de lo complejas que son las emociones y de que no hay nada más humano que cometer errores y, a su vez, encontrar la valentía en las pequeñas cosas.
De nueva cuenta, Laika nos trae una película que se puede desmenuzar desde distintos lados: lo político, lo social y lo emocional. No pierde su esencia, sino que se reafirma como uno de los estudios que se atreve a contar historias épicas, crudas y capaces de hacer que el público salga del cine con muchas más dudas.
Desde hoy, en cines de todo México.