El pionero de los corridos tumbados llena hoy el Estadio GNP

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El pionero de los corridos tumbados llena hoy el Estadio GNP

Natanael Cano tenía dieciocho años cuando le dio nombre al género. Para 2025, los corridos tumbados concentraban más de tres cuartas partes de las reproducciones de música mexicana en Spotify, y ninguna disquera grande estuvo en el origen.

El cantante se presenta hoy y mañana a las nueve de la noche en el Estadio GNP Seguros, el recinto de 65 mil lugares que hasta hace poco se llamaba Foro Sol. La primera fecha se agotó tan rápido que hubo que abrir la segunda.

Hace ocho años subía covers de guitarra a YouTube desde Hermosillo. El género que va a llenar ese estadio todavía no existía.

De los covers de YouTube a Rancho Humilde

Natanael Rubén Cano Monge nació en Hermosillo, Sonora, en marzo de 2001. Aprendió piano solo a los trece años viendo tutoriales de YouTube y se enganchó con el corrido por Ariel Camacho. A los dieciséis subió «El de los lentes Gucci» a la misma plataforma donde había aprendido.

Jimmy Humilde lo encontró en un video de Instagram a principios de 2019 y lo firmó en marzo de ese año a Rancho Humilde, el sello independiente de Los Ángeles que terminaría siendo la puerta de salida del género hacia el resto del mundo. Su primer sencillo bajo ese sello, «El Drip», entró al Hot Latin Songs de Billboard.

Era un adolescente.

El requinto, el tololoche y el beat de trap

La fórmula es más precisa de lo que sugiere el estereotipo. El corrido tumbado conserva los instrumentos del norteño —requinto, bajo sexto, tololoche— y la estructura narrativa del corrido de toda la vida, pero los monta sobre beats, flows y estética de calle heredados del trap y el hip hop, con ganchos melódicos que vienen del reguetón.

El adjetivo importa. Tumbado funciona igual que alternativo en el rock: no nombra un subgénero cerrado, marca una desviación deliberada de la tradición. El nombre del género ya traía la declaración de intenciones incluida.

El salto llegó ese mismo 2019, cuando Bad Bunny se subió al remix de «Soy el Diablo». Que un artista puertorriqueño, en el centro del reguetón global, le prestara su nombre a un corrido sonorense fue la señal de que esto no iba a quedarse en un nicho regional.

En octubre de 2019 salió Corridos Tumbados, el álbum que le puso nombre al género y llegó a disco de platino. Cano tenía dieciocho años.

Lo que pasó después, sin él

Para 2025, según los conteos de la industria disponibles, los corridos tumbados representaban más del 77 por ciento de las reproducciones de música mexicana en Spotify. No es una cifra oficial de la plataforma, pero da la escala del asunto: no estamos ante un subgénero exitoso, sino ante el formato dominante de la música mexicana en streaming.

Y buena parte de ese porcentaje no le pertenece a Cano. Peso Pluma, Fuerza Regida y Junior H construyeron carreras enormes sobre la plantilla que él abrió. Peso Pluma anda, al cierre de esta edición, alrededor de los 43 millones de oyentes mensuales en Spotify. Cano ya no tiene el género para sí solo, ni de lejos.

Volver al corrido después de haberlo roto

El tour que lo trae al GNP se llama Vol. 1, por el álbum del mismo nombre, y la prensa musical lo ha descrito como un regreso formal a los corridos tumbados después de una temporada de exploración en otros sonidos. Es el pionero volviendo al lugar donde empezó, mientras el género sigue caminando sin esperarlo.

Los corridos tumbados son probablemente el primer género mexicano armado íntegramente por adolescentes y distribuido por YouTube e Instagram antes que por cualquier disquera grande, que escaló a nivel global sin pedirle permiso a la industria tradicional.

Ningún programador de radio lo aprobó. Ningún crítico lo bendijo. Se fue directo del cuarto de un chavo de Hermosillo al catálogo de Spotify, y de ahí a un estadio de 65 mil lugares, dos noches seguidas.

Esta noche, cuando el GNP se llene, lo que se está midiendo no es la carrera de Natanael Cano. Es cuánto tardó una generación en construirse su propio canon sin permiso de nadie.